El mensaje vital



El mensaje vital (The Vital Message) fue escrito por Arthur Conan Doyle. Fue publicado por primera vez en Gran Bretaña en 1919 por Hodder & Stoughton. Conan Doyle reflexiona sobre los horrores que se vivieron durante su vida (guerras, masacres, sufrimientos) que le llevan a preguntarse si no tendrá que ver con la búsqueda del hombre, con lo espiritual…

Ha sido nuestro destino, entre todas las generaciones de la humanidad, enfrentar las más horribles calamidades que recayeran sobre el mundo. Hay algo que no se puede negar, y no debería ser pasado por alto. Porque una importante deducción surge inmediatamente. La deducción es que nosotros, que hemos provocado los dolores, deberemos también aprender la lección que intentaron transmitir. Si no lo aprendemos, entonces ¿cuándo lo aprenderemos, ya que no puede haber nunca más tal preparación espiritual para la semilla? Si nuestras almas, cansadas y torturadas durante estos cinco terribles años de auto sacrificio y suspenso, no pueden mostrar cambios radicales, entonces ¿qué almas responderán a un fresco influjo de inspiración divina? En ese caso el estado de la raza humana será en verdad sin esperanzas, y nunca habrá ninguna perspectiva de mejora.

¿Por qué fue esta tremenda experiencia forzada sobre la humanidad? Seguramente el pensador superficial imagina que el gran Diseñador de todas las cosas ha puesto a todo el planeta en fermento, y llevó a cada nación al agotamiento, para mover esta o aquella frontera, o para formar alguna combinación nueva en el caleidoscopio de naciones. No, las causas de la convulsión son más profundas que eso. Son esencialmente religiosas, no políticas. Yacen mucho más profundas que las peleas nacionales del día. De aquí a mil años esos resultados nacionales pueden importar poco, pero el resultado religioso será el que domine al mundo. Ese resultado religioso es la reforma de la decadente cristiandad de hoy en día, su simplificación, purificación y refuerzo por los hechos de la comunión del espíritu y del claro conocimiento de lo que hay más allá de la muerte. El shock de la guerra significó el elevarnos la sinceridad mental y moral, el darnos el coraje para destruir engaños venerables, y forzar al ser humano a darse cuenta y usar la vasta nueva revelación que ha sido claramente expresada y abundantemente probada, por todos que examinen los preceptos y pruebas con una mente abierta.
Consideremos las horribles condiciones del mundo antes de que éste rayo lo golpeara. ¡Alguien podría, volviendo siglos atrás y examinando las maldades del hombre, encontrar algo que se compare con la historia de las naciones durante los últimos veinte años! Piensen en la condición de Rusia durante aquel tiempo, con su brutal aristocracia y su borracha democracia, sus asesinatos de ambos lados, sus horrores siberianos, sus ataques a los judíos, y su corrupción. Piensen en la figura de Leopoldo de Bélgica, un diablo encarnado que por motivos de voracidad llevó adelante asesinatos y torturas a través de una parte de África, y sin embargo fue recibido en cada corte, y fue enterrado después de una oración de un cardenal de la Iglesia Católica –una iglesia que ni siquiera una vez elevó su voz contra su diabólica carrera. Consideren crímenes similares en el Putumayo, donde capitalistas británicos, sino culpables del horror, pueden al menos no ser inocentes de haberlo ignorado por su letargo y confianza en los agentes locales. Piensen en Turquía y las recurrentes masacres de sus comunidades. Piensen en el cruel trabajo de las fábricas en todas partes, donde el trabajo asumió una forma diferente y más antinatural que el viejo trabajo en los campos. Piensen en la voluptuosidad de muchos ricos, la brutalidad de muchos pobres, la superficialidad de muchos que están de moda, la frialdad e insensibilidad de la religión, la ausencia de algún impulso profundo, verdaderamente espiritual. Piensen, sobre todo, en el organizado materialismo de Alemania, la arrogancia, la frialdad, la negación de todo que uno podría asociar con el espíritu vivo de Cristo como es evidente en las palabras de obispos católicos, como Hartmann de Colonia, como en aquellos pastores luteranos. Pongan todo esto junto y digan si el ser humano alguna vez ha presentado un aspecto más horrible. Cuando tratamos de encontrar las cosas más brillantes son principalmente donde la civilización, como parte de la religión, ha construido necesidades para la comunidad, tales como hospitales, universidades, y organizó las caridades, tan conspicuo en el Japón Budista como en la Europa cristiana. No podemos negar que ha habido mucha virtud, mucha gentileza, mucha espiritualidad en los individuos. Pero las iglesias fueron cascaras vacías, que no contuvieron alimento espiritual para la humanidad y han dejado de influenciar en sus acciones, excepto en la dirección de las formas utilitarias.  
Esta no es una pintura exagerada. ¿No podemos ver, entonces,  cuál fue la razón interna de la guerra? ¿No podemos entender que fue necesario sacudir a la humanidad de los chismes, reuniones y la adoración de la espada, y de las borracheras de los sábados por la noche, y de los egoísmos políticos y objeciones religiosas, despertarlos y que se den cuenta que se paran sobre el filo de un cuchillo entre dos terribles eternidades…? (Traducción de The Vital Message, de Arthur Conan Doyle)
Political cartoon, Leopold´s love affair with Caroline Lacroix
Political cartoon, Leopold´s love affair with Caroline Lacroix

Para saber
Leopoldo de Bélgica (1835 – 1909): rey de Bélgica, explotó el Congo como una propiedad privada, usando grandes sumas de dinero de ésta explotación para construcciones públicas y privada en Bélgica. Leopoldo extrajo una fortuna del Congo inicialmente con el ébano y, después de la suba del precio de la goma, con trabajos forzados de los nativos.
Artículos relacionados

Si te gustó esto compartílo con tus amigos

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja aquí tus mensajes, comentarios o críticas. Serán bienvenidos