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jueves, 27 de julio de 2017

An upheaval




An upheaval (Un escándalo) es la historia de una dama rusa muy rica que revisa toda la casa en busca de su broche que se ha extraviado y de los sentimientos heridos de una gobernanta que siente que se ha invadido sin piedad su intimidad. An upheaval es un cuento de Anton Chekhov



"But, Liza, it's vile ... it's insulting," said Mashenka, breathless with indignation. "It's so mean, so low! What right had she to suspect me and to rummage in my things?"
"You are living with strangers, miss," sighed Liza. "Though you are a young lady, still you are ... as it were ... a servant.... It's not like living with your papa and mamma."
Mashenka threw herself on the bed and sobbed bitterly. Never in her life had she been subjected to such an outrage, never had she been so deeply insulted.... She, well-educated, refined, the daughter of a teacher, was suspected of theft; she had been searched like a street-walker! She could not imagine a greater insult. And to this feeling of resentment was added an oppressive dread of what would come next. All sorts of absurd ideas came into her mind. If they could suspect her of theft, then they might arrest her, strip her naked, and search her, then lead her through the street with an escort of soldiers, cast her into a cold, dark cell with mice and woodlice, exactly like the dungeon in which Princess Tarakanov was imprisoned. Who would stand up for her? Her parents lived far away in the provinces; they had not the money to come to her. In the capital she was as solitary as in a desert, without friends or kindred. They could do what they liked with her.

miércoles, 26 de julio de 2017

Un escándalo



Un escándalo, de Anton Chekhov, fue publicada en 1917 en el libro de cuentos The Lady With The Dog and Other Stories


Mashenka Pavletsky, una joven que acababa de terminar sus estudios en una escuela privada, retornaba de una caminata a la casa de los Kushkins, con quienes estaba viviendo como gobernanta, encontró la casa en un terrible alboroto. Mihailo, el portero quién le abrió la puerta, estaba nervioso y rojo como un cangrejo.


Gritos se escuchaban desde la parte de arriba.
“Madam Kushkin está en una crisis, o ha peleado con su esposo”, pensó Mashenka.
En el hall y en el corredor encontró las sirvientas. Una de ellas estaba llorando. Luego Mashenka vio, saliendo de su cuarto, al dueño de casa en persona, Nikolay Sergeitch, un pequeño hombre con una cara fofa y su calvicie, aunque no era viejo. Estaba rojo y temblaba en extremo. Pasó al lado de la gobernanta sin darse cuenta de ella, y levantando sus brazos exclamó:
— ¡Qué horrible! ¡Qué poco tacto! ¡Qué estúpido! ¡Qué bárbaro! ¡Abominable!