Invisible



El misterioso viajero llega a la posada cubierto completamente, sin querer quitarse el sobretodo ni el sombrero, pide una habitación y la dueña le sirve comida caliente. Al final la aclaración sobre clothes-horse. Del clásico de H. G. Wells, El hombre invisible

… tocó y entró rapidamente. Su visitante se movió, por lo que vio solo un reflejo de un objeto blanco desapareciendo detrás de la mesa. Parecía que él estaba recogiendo algo del piso. Puso la mostaza en la mesa y notó que el saco, el sombrero y las botas habían sido puestos frente al fuego. Ella fue en su búsqueda con resolución.
—Supongo que puedo llevarlos para secar ahora —dijo en una voz que no permitía una negación.
—Deje el sombrero —dijo el visitante suavemente, y volviéndose ella vio que había levantado su cabeza y estaba mirándola.
Por un momento se quedó congelada, demasiado sorprendida para hablar.

Sostenía una tela blanca contra la parte baja de su cara, su boca estaba completamente tapada por la que su voz se silenciaba. Pero no fue eso lo que sorprendió a la señora Hall. Fue el hecho que toda su frente estaba cubierta de un vendaje blanco, al igual que sus orejas, no dejando nada de su cara expuesta a excepción de su rosada y picuda nariz. Estaba brillante y rosada como había estado al principio. Usaba una chaqueta de terciopelo marrón oscuro con un cuello levantado. El pelo negro y grueso escapaba como podía entre las vendas, proyectándose en curiosas raíces, dándole la más extraña apariencia. Esta cabeza vendada era tan diferente a lo que ella había anticipado que por un momento quedó rígida.
El no movió la servilleta, sino que la mantuvo, como veía ella ahora, con una mano enguantada marrón, y la miró con sus inescrutables anteojos azules.
—Deje el sombrero —dijo él, hablando claramente a través de la tela blanca.
Ella comenzó a recuperarse de la sorpresa recibida. Puso el sombrero en la silla al lado del fuego.
—No sabía que… —y ella se detuvo incómoda.
—Gracias —dijo él secamente.
—Los voy a secar ya mismo, señor —dijo y sacó la ropa de la habitación.
Miró nuevamente a la envuelta cabeza y a los anteojos azules mientras salía, pero su servilleta estaba todavía frente a su cara. Se estremeció un poco al cerrar la puerta y su cara era elocuente en su asombro.
—Nunca… —murmuró ella.
Fue silenciosamente a la cocina y estuvo demasiado preocupada para preguntarle a Millie que estaba haciendo.
El visitante escuchó sus pies mientras se retiraba. Observó la ventana antes de quitarse la servilleta y continuar con la comida. Tomó un bocado, observó sospechosamente la ventana, tomó otro bocado, y tomando la servilleta en su mano, caminó a través de la habitación y bajó la persiana. Esto dejó la habitación a oscuras. Hecho esto retornó con un aire más tranquilo a su mesa y a su comida.
—El pobre debe haber tenido un accidente o una operación —dijo la señora Hall —. ¡Qué susto me dio!
Puso más carbon, abrió el tendedero y extendió el sobretodo sobre él… (The Invisible Man, by H. G. Wells)

She put on some more coal, unfolded the clothes-horse
clothes-horse
clothes-horse

Para saber
Clothes-horse: también clothes airer, clothes rack, drying horse, clothes maiden, drying rack, drying stand, Frostick, airer, o winterdyke (en Escocia), es un marco donde las ropas son colgadas después de lavar.
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