Jarndyce and Jarndyce

Jarndyce and Jarndyce es un caso legal, de ficción, de la novela Bleak House, de Charles Dickens. A lo largo de toda la novela se hace referencia al caso y es un elemento central del argumento.

"Jarndyce and Jarndyce" se ha convertido en el epítome y la metáfora de procedimientos legales interminables.
Dickens se refiere constantemente al caso como "Jarndyce and Jarndyce.

Argumento
Jarndyce v Jarndyce se refiere al destino de una gran herencia. El caso se había prolongado por muchas generaciones antes de la acción de la novela, de manera que cuando es resuelto, al final, los costos legales han devorado todas las propiedades. Dickens usó esto para atacar el sistema “chancery court”, de Inglaterra como totalmente inútil.
Todos los personajes principales están conectados de alguna manera a través del caso, aunque los procedimientos legales aparecen solo como al fondo del argumento. Además de los abogados litigantes cada uno de los personajes, que se asocian al caso de manera directa, sufre algún destino trágico. Miss Flite hace tiempo que se ha vuelto loca cuando comienza la narración. Richard Carstone muere tratando de ganar una herencia, después de pasar mucho tiempo distraído por la noción que no puede hacer otra cosa. John Jarndyce, en contraste, encuentra todo el proceso tan cansador que trata de saber lo menos posible.

Dickens introduce el caso en el primer capítulo en términos de inefectividad:
Illustration by Halbot Knight Browne, 1853
Illustration by Halbot Knight Browne, 1853
Jarndyce and Jarndyce se arrastra. Este espanto de caso se ha convertido en tan complicado que ningún hombre con vida sabe lo que significa. Las partes entienden menos…
El final del caso reduce a toda la corte a ataques de risa. Del capítulo 65:
Le preguntamos a un caballero de qué caso se trataba. Nos contestó Jarndyce and Jarndyce.  Le preguntamos que qué sucedía. Dijo que no sabía, nadie nunca sabía, pero de acuerdo a lo que pudo saber, había terminado. ¿Terminado por el día? Preguntamos. No —contestó —terminado para siempre.
¡Terminado para siempre!
Al oír aquella respuesta inexplicable nos miramos el uno al otro totalmente confusos.
¿Sería posible que el Testamento hubiera servido para poner, en fin, las cosas en orden y que Richard y Ada fueran a ser ricos? Parecía demasiado bueno para ser verdad. ¡Por desgracia, lo era!
Nuestra curiosidad duró poco, pues la multitud empezó pronto a disolverse, y la gente salió a toda prisa, con aspecto acalorado y excitado, y con ellos salió mucho aire rancio.
Pero todos seguían muy divertidos, más bien como gente que sale de ver una comedia o un prestidigitador que de un Tribunal de Justicia. Nos hicimos a un lado en busca de una cara conocida, y al cabo de un momento empezaron a salir grandes montones de papeles: montones metidos en sacas, montones demasiado grandes para caber en sacas, masas inmensas de papeles de todas las formas y sin forma, que hacían encorvarse bajo su peso a quienes los portaban, los cuales los tiraban, al menos de momento, al piso del Hall, mientras volvían a sacar más. Hasta aquellos pasantes iban riéndose. Miramos los papeles y al ver que todos ellos iban encabezados Jarndyce y Jarndyce preguntamos a alguien con aspecto oficial, que estaba en medio de ellos, si había terminado la causa. —Sí —dijo—, ¡por fin ha terminado todo! —y también él rompió en carcajadas.
En aquel momento vimos al señor Kenge, que salía del Tribunal, con un aire de dignidad afable, mientras escuchaba al señor Vholes, que le hablaba en tono deferente y llevaba su propia saca. El señor Vholes fue el primero que nos vio. —Aquí está la señorita Summerson, señor mío —dijo —. Y el señor Woodcourt.
— ¡Es cierto! Sí. ¡Claro! —dijo el señor Kenge, que se levantó el sombrero al verme,
Con gran cortesía ¿Cómo están ustedes? Me alegro de verlos. ¿No ha venido el señor?
Jarndyce?...
—Señor Kenge —intervino Allan, que pareció comprenderlo de golpe—, mil perdones. Tenemos prisa. ¿He de entender que toda la herencia queda absorbida por las costas?
— ¡Jem! Eso creo —respondió el señor Kenge—. Señor Vholes, ¿qué dice usted?
—Eso creo —dijo el señor Vholes.
— ¿De modo que el pleito desaparece y se desvanece?
—Probablemente —dijo el señor Kenge—. ¿Señor Vholes?
—Probablemente —dijo el señor Vholes…

Casos de la vida real
En el Prefacio de Bleak House Dickens cita dos casos como inspiración especial:
Hasta el presente (agosto de 1853) hay un caso ante la corte que fue comenzado hace casi veinte años atrás, en el cual de treinta a cuarenta abogados se conoce que aparecieron en su momento, en los cuales los costos se han elevado a la suma de setenta mil libras, la cual es un caso amigable, y el cual (me aseguran) no está más cerca de su terminación que cuando empezó. Hay otro caso bien conocido en Chancery, aún sin decidir, que fue comenzado antes del cierre del siglo pasado y en el cual más del doble de la cifra de setenta mil libras ha sido consumida por los costos.
Basados en una carta de Dickens de 1853, el primero de estos casos ha sido identificado como la disputa sobre el testamento de Charles Day, un fabricante de botas que muriera en 1836. Los procedimientos empezaron en 1837 y no concluyeron hasta al menos 1854. El segundo de estos casos es generalmente identificado como la disputa sobre el testamento William Jennens. Jennens v Jennens comenzó en 1798 y fue abandonado en 1915 (¡117 años después!) cuando los honorarios legales habían agotado los fondos; así había estado en curso por 55 años cuando Bleak House fue publicada.

Para saber
Court of Chancery era una corte de equidad (equity) en Inglaterra y Gales que seguía un conjunto de reglamentos algo desconectados para evitar la lentitud de los cambios y la dureza de la Common Law.

Artículos relacionados

Recursos
Jarndyce Vs. Jarndyce, Daniel Krotz gives an interesting look on Bleak House, lawyers, and… life.

Referencias