Frieda y su hermana vuelven del colegio. Las clases comienzan
y reciben medias nuevas y aceite de bacalao. En las noches van con los mayores
a recoger carbón que cae en las vías del tren. Los mayores no hablan con los
chicos y si se enferman los tratan con frialdad. El Vickvaporú sirve para friccionar el pecho y un poco en la boca
ayuda a tratar la gripe. Del clásico de Toni Morrison, Los Ojos más Azules.
Frieda cubre la ventana. Marcho a la cama, llena de
culpa y autocompasión. Me acuesto con mi ropa interior, pero no me quito las
medias porque está demasiado frío. Se necesita mucho tiempo para que mi cuerpo se
caliente. Una vez que genero una silueta de calor no me atrevo a moverme. Nadie
me habla o pregunta cómo me siento. En una o dos horas mi madre viene. Sus
manos son grandes y ásperas, y cuando frota el ungüento Vicks en mi pecho estoy rígida con dolor. Ella lleva dos dedos llenos
del ungüento y masajea mi pecho hasta
que estoy a punto de desfallecer. Justo cuando creo que voy a gritar recoge un
poco del ungüento en el dedo índice y lo pone en mi boca, diciéndome que lo
trague. Envuelve una franela caliente alrededor de mi cuello y pecho. Estoy
cubierta con edredones pesados y se me ordena sudar, lo que hago, lo antes
posible.
Más tarde vomito y mi madre dice: - ¿Por qué vomitaste
en la cama? ¿No tienes sentido suficiente para mantener la cabeza fuera de la
cama? Ahora, mira lo que has hecho. ¿Crees que tengo que estar lavando tus vómitos?