Moll Flanders



The Fortunes and Misfortunes of the Famous Moll Flanders (o simplemente Moll Flanders) es una novela de Daniel Defoe, publicada en 1722. La novela está basada parcialmente en la vida de Moll King, una delincuente de Londres a quién Defoe encontró mientras visitaba la prisión de Newgate.

Mi verdadero nombre es tan bien conocido en los registros de Newgate, y en Old Baily, y hay algunas cosas de tales consecuencias aún pendientes allí, relacionadas a mi conducta particular, que no se debería esperar que diga mi nombre o la descripción de mi familia en este trabajo. Tal vez, después de mi muerte pueda ser más conocido. Al presente no sería adecuado, aunque un perdón general fuera interpuesto, aún sin las excepciones y reservas de personas o crímenes.
Es suficiente decir, que como algunos de mis peores compañeros, quienes no pueden hacerme daño (habiéndose ido de éste mundo, como frecuentemente esperé hacerlo), me conocieron con el nombre de Moll Flanders, por lo que pueden permitirse hablar de mí bajo ese nombre hasta que me atreva a confesar la verdad.

Me han dicho que en una de nuestras naciones vecinas, sea Francia o cualquier otro lado, tienen una orden del rey, que cuando algún criminal es condenado, ya sea a morir, o a las galeras, o a ser transportado, si dejan chicos, generalmente desamparados, por la pobreza o las penalidades de sus padres, ellos son inmediatamente tomados al cuidado del gobierno y puestos en hospitales llamados House of Orphans, donde son alimentados, vestidos, enseñados y cuando están listos para salir son puestos en el comercio o los servicios de manera que puedan proveerse de una forma honesta e industriosa.
Si hubiera sido ésta la costumbre en nuestro país, yo no habría sido dejada como una pobre y desolada chica sin amigos, sin ropas, sin ayuda en el mundo, como fue mí destino. Y por lo cual fui expuesta a grandes sufrimientos, aun antes de que fuera capaz de entender mi caso o como solucionarlo, trayendo a mi vida no solo escándalo sino también destrucción del cuerpo y de la mente.
Pero el caso fue diferente aquí. Mi madre fue sentenciada por cierto robo insignificante que no vale la pena nombrar, habiendo tenido la oportunidad de tomar prestadas tres piezas de tela de cierto negocio en Cheapside. Las circunstancias son muy largas de contar, y las he escuchado nombrar tantas veces, que apenas si puedo estar segura que es el relato correcto.
Sin embargo, todos concuerdan en que mi madre pidió por su pansa y siendo encontrada preñada, fue respetada por cerca de siete meses. En cuyo tiempo habiéndome traído a este mundo, y a punto de preñarse de nuevo, fue llevada ante los jueces y obtuvo el favor de ser transportada a las plantaciones, y me abandonó con cerca de un año de vida. Y en malas manos, pueden estar seguros.
No recuerdo demasiado de aquellas primeras horas pero es suficiente mencionar que nací en un lugar tan poco feliz que no tuve un vecindario para recurrir a mi alimentación en mi infancia. Tampoco puedo dar el menor relato de cómo fui alimentada, excepto, como me contaron, por algún pariente de mi madre que me llevó por un tiempo como enfermera, y nada más.
Lo primero que recuerdo, o pude saber, fue que había estado entre aquellos que la gente llama gitanos o egipcios. Pero creo que fue por un corto período de tiempo ya que no me decoloraron la piel o ennegrecieron, como hacen a todos sus niños a muy temprana edad. Tampoco puedo decir cómo llegué o salí de allí.
Fue en Colchester, en Essex, que estas gentes me dejaron. Y tengo una noción en mi cabeza que los dejé allí (es decir que me escondí de ellos) pero no puedo dar mayores detalles al respecto. Solo recuerdo que al ser cuestionada por algunos oficiales de la comunidad de Colchester conté que llegué al lugar con los gitanos, pero que no iría con ellos más lejos, y que me abandonaron, pero que no sabía dónde habían ido. Y aunque se investigó donde podrían estar no se los pudo encontrar.
Estaba ahora por ser provista, ya que aunque yo no era de la incumbencia de ésta o de aquella parte de la ciudad por ley, como mi caso llegó a ser conocido, y como era demasiado chica para trabajar, teniendo un poco más de tres años, la compasión movió a los magistrados de la ciudad para ordenar que se me cuidara, y me convertí en uno de ellos como si hubiera nacido en el lugar.
De los arreglos que hicieron para mí, tuve la fortuna de ser cuidada por una enfermera, tal como la llaman a estas mujeres que eran en realidad pobres pero que habían estado en mejores circunstancias, y que obtienen un ingreso al hacerse cargo de seres como yo, dándonos lo necesario, hasta que estuviéramos de una cierta edad, en las que se supone que podríamos trabajar por nuestro propio pan… (Moll Flanders, de Daniel Defoe. Traducción propia.)

… It was my good hap to be put to nurse… (luck)

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Moll Flanders, audiobook from Librivox.

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