La madre

Los trabajadores se dirigen mecánicamente a las fábricas, sin esperanzas, grises. De la época de la revolución rusa La Madre, de Máximo Gorki.

Un domingo, quince días después de la muerte de su padre, Pablo volvió ebrio a la casa. Llegó vacilante al primer cuarto y llamó a su madre, asestando un puñetazo en la mesa, como hacía Miguel.
-¡La cena…!
Pelagia se acercó y tomándolo por los costados lo enlazó, atrayendo sobre su pecho la cabeza de su hijo. Él la rechazó, y poniendo el brazo en su hombre, le dijo:
-¡Rápido, mamá!
-¡Mi pequeño bruto! –respondió ella, con voz triste y cariñosa.
-Yo también quiero fumar… Dame la pipa de mi padre…-rezongó, moviendo con dificultad su lengua rebelde.
Era la primera vez que se embriagaba. El alcohol había trastornado su cuerpo, mas su conciencia seguía clara; se preguntaba:
-¿Yo estoy borracho…? ¿Estoy borracho?
Las caricias de su madre lo habían confundido; sentíase invadido por la tristeza de su mirada. Tenía necesidad de llorar, y para vencer este deseo fingía estar más ebrio de lo que en realidad estaba.
Y la madre le decía dulcemente, mientras pasaba su mano por los cabellos en desorden y llenos de sudor.
-No debías haber hecho esto…

Pablo sintió náuseas. Luego de una serie de vómitos, fue puesto en cama por su madre, que le pasaba una toalla mojada por la frente pálida. Se repuso un poco, pero todo giraba a su alrededor; tenía los párpados pesados y en la boca un sabor repugnante y amargo; miró el rostro de su madre, le acometieron ideas sin ilación, y dijo:
-Es aún demasiado pronto para mí…, los otros beben sin enfermarse, yo siento náuseas…
La voz dulce de su madre llegó a sus oídos como de muy lejos:
-¿Cómo podrás mantenerme si te pones a beber?
gorky
Gorky, 1906
Él, cerrando los ojos, respondió:
-Todos beben…
Pelagia suspiró profundamente. Tenía razón. Ella sabía que las personas no tenían otro sitio que la taberna para buscar el placer, que no tenían otro goce que el alcohol. No obstante respondió:
-¡No tienes necesidad de beber! Tu padre se dio a la bebida por ti…Él ya me atormentó bastante… Tú podrías tener piedad de tu madre…
Escuchando esas palabras melancólicas y resignadas Pablo pensó en la existencia silenciosa y oscura de esa mujer, siempre a la espera de los golpes de su marido. En los últimos tiempos Pablo se había quedado poco en la casa, para no ver a su padre. Él estaba obligado para con su madre. A medida que volvía a su estado normal la examinaba.
Era alta y ligeramente encorvada. Su cuerpo pesado, quebrado por el trabajo incesante y los malos tratos, se movía silencioso, oblicuamente, como si temiera tropezar con alguna cosa. El largo rostro oval, destacado por las arrugas y ligeramente ampuloso, aparecía iluminado por dos ojos negros de expresión triste e inquieta, como el de casi todas las mujeres del arrabal. En la frente, una profunda cicatriz hacía elevar un poco la ceja derecha, pareciendo que también la oreja del mismo lado estaba más alta que la otra, lo que daba al semblante un aire temeroso… Había en la espesa cabellera negra mechones grises, semejantes a marcas de golpes terribles… De su persona toda se desprendía la dulzura y la más dolorosa resignación. Y a lo largo de sus mejillas las lágrimas corrían lentamente.
-¡Espera! ¡No llores! –suplicaba Pablo en voz baja -. ¡Dame de beber!
-Voy a traerte agua con hielo.
Cuando volvió, él dormía. Quedose inmóvil un instante, conteniendo la respiración. La taza temblaba en su mano. Los trocitos de hielo chocaban contra el metal. Luego de haber puesto los utensilios sobre la mesa, Pelagia se arrodilló delante de las santas imágenes y oró silenciosamente. Los vidrios de la ventana temblaban bajo las ondas sonoras de la vida del exterior. En las tinieblas y la humedad de la noche de otoño, un acordeón sonaba; alguien cantaba a plena voz; se escuchaban palabras ruines e indecentes; retumbaban, alarmadas e irritadas, voces de mujer.
En la pequeña vivienda de los Vissof la vida transcurría uniforme, aunque más tranquila y apacible que antes, diferenciándose así de la existencia general del suburbio. La casa estaba situada en la extremidad de la calle principal, en lo alto de una corta pendiente, muy inclinada, al extremo de la cual había un pantano…
Pablo intentó vivir como los otros. Hacía todo cuanto convenía a un hombre joven. Se compró un acordeón, una camisa con pechera almidonada, una corbata de colores vivos, chanclos de gomas y un bastón. Aparentemente se parecía a todos los adolescentes de su edad. Iba a las tertulias, aprendió a bailar la contradanza y la polca; el domingo volvía ebrio y  a la mañana siguiente tenía dolor de cabeza, la fiebre lo consumía y su rostro estaba pálido y abatido.
Un día su madre le preguntó:
-Y bien, ¿te divertiste anoche?
El respondió con sombría irritación:-¡Me aburrí atrozmente! Todos mis compañeros son como máquinas. Prefiero ir a pescar o comprarme un fusil.
Trabajaba con entusiasmo. Jamás fue corregido ni suspendido… (Párrafos de La Madre, de Máximo Gorki.)

Personajes
Pelagueya, Pavel, Andrey, Natasha, Sashenka, Vyesovshchikov, Rybin, Nikolay, Sofya.
Artículos relacionados
El libro
Pelageya Nilovna Vlasova es la real protagonista. Su marido, bebedor, abusa de ella y la deja con toda la responsabilidad de criar al hijo. Pablo se ve envuelto en actividades revolucionarias, abandona la bebida y trae libros a casa. La madre es iletrada y no tiene intereses políticos, sin embargo quiere apoyar a su hijo.
Recursos

Mi libro es una edición de editorial Sopena, de abril de 1939, traducido por M. Casado. Está en buenas condiciones, se ve que nadie lo leyó con anterioridad.