Madame de Renal trató de trabajar pero su mente
estaba en otro lado.
“¿Estaré enamorada de Julien?” se preguntaba.
Se entusiasmó cuando Julien entró con los niños. Su
marido hizo sus comentarios de siempre, a los que no prestó atención.
Siguiendo celosamente las costumbres de la corte M.
de Renal se trasladó a Vergy en la primavera. Había comprado un castillo, con
manzanos y nogales para aprovechar el fresco en los días de calor. Sin
consultar con su esposo Madame de Renal, con ayuda de Julien, supervisó el
trabajo de su gente de hacer una vereda para que sus hijos pasaran por allí sin
ensuciarse.
Pasaba sus días en la huerta, jugando con los chicos
y atrapando mariposas. Esto último servía a Julien para encontrar temas de
conversación. Conversaban incesantemente, aunque siempre de cosas inocentes.