The Castle of Otranto



The Castle of Otranto, de Horace Walpole, es la primera novela que incorporó elementos de lo supernatural en lugar del puro realismo. La primera edición fue publicada disfrazada como un romance medieval italiano. Mientras celebran la boda de su hijo encuentran que éste ha muerto aplastado y Manfred, el padre, piensa que tiene que ver con una vieja profecía…

Manfred, príncipe de Otranto, tenía un hijo y una hija: la última, una hermosa virgen, de dieciocho años, llamada Matilda. Conrad, el hijo, era tres años más joven, un joven simple, enfermizo y de una disposición poco prometedora. Aun así era el favorito de su papá, que nunca mostró ningún afecto por Matilda. Manfred había arreglado un matrimonio para su hijo con la hija del marqués de Vicenza, Isabella. Y ella ya había sido entregada por sus guardianes en las manos de Manfred, que celebraría el matrimonio tan pronto como el estado de salud de Conrad lo permitiera.
Conrad, the son, was three years younger, a homely youth… (Simple)

La impaciencia de Manfred por esta ceremonia fue acentuada por su familia y vecinos. Los primeros, en realidad, temiendo la severidad de la disposición del príncipe, no se atrevían a pronunciar sus conjeturas sobre esta precipitación. Hippolita, su esposa, una amable señora, algunas veces se atrevía a representar el peligro de casar a su único hijo tan pronto, considerando su juventud y sus enfermedades. Pero ella nunca recibió ninguna otra respuesta que reflexiones sobre su propia esterilidad, que le había dado a él solo un heredero. Sus arrendatarios y súbditos eran menos cautelosos en sus discursos. Atribuían este apuro al temor del príncipe de ver realizada una vieja profecía, que decía que el castillo y el señor de Otranto “debería pasar de la presente familia, cuando el dueño real fuera demasiado grande para habitarlo.” Era difícil entender esta profecía. Y aún menos fácil era entender qué tenía que ver con el matrimonio en cuestión.  Sin embargo estos misterios, o contradicciones, no impedían al pueblo sostener sus opiniones.
The former, indeed, apprehending the severity of their Prince’s disposition, did not dare to utter their surmises on this precipitation… (Thoughts)
La compañía se reunió en la capilla del castillo, y todo estaba listo para comenzar la divina ceremonia, cuando Conrad mismo fue echado en falta. Manfred, impaciente por la tardanza, y que no había observado a su hijo retirarse, despachó a uno de los asistentes para llamar al joven príncipe. El sirviente, quien no tardó demasiado, volvió corriendo sin aliento, en forma frenética, sus ojos mirando fijamente y con espuma en la boca. No dijo nada pero apuntó al patio.
Los reunidos estaban aterrorizados y asombrados. La princesa Hippolita, sin saber lo que sucedía, pero ansiosa por su hijo, se desmayó. Manfred, menos aprensivo que enojado por el retraso de la boda, y a la torpeza de sus sirvientes, preguntó con enojo que pasaba. El sujeto no contestó, pero continuó apuntando hacia el patio. Y finalmente, después de repetidos cuestionamientos, gritó:
— ¡El casco! ¡El casco!
The Princess Hippolita, without knowing what was the matter, but anxious for her son, swooned away(Fainted)
Mientras tanto algunos habían corrido al patio, a donde se sintió la confusión de gritos, horror y sorpresa. Manfred, que comenzó a alarmarse al no ver a su hijo, fue también para averiguar por la extraña confusión. Matilda permaneció tratando de asistir a su madre, e Isabella permaneció allí con el mismo propósito, y para evitar mostrar impaciencia por el novio, por quién, en realidad, tenía poco afecto.
Lo primero que llamó la atención de Manfred fue un grupo de sirvientes tratando de levantar algo que parecía una montaña de martas. Miró sin poder creer.
— ¿Qué están haciendo? —gritó Manfred con ira — ¿Dónde está mi hijo?
Un conjunto de voces replicó:
— ¡Señor! ¡El príncipe! ¡El príncipe! ¡El casco!
Sorprendido por estos lamentables sonidos, y algo temeroso, avanzó rápidamente, pero ¡Qué espectáculo para los ojos de un padre! Vio a su hijo en pedazos, y casi sepultado bajo un enorme casco, cien veces más grande que cualquier casco jamás hecho por el hombre, cubierto con una cantidad de plumas negras.
El horror del espectáculo, la ignorancia de todos de cómo había pasado, y sobre todo, el tremendo fenómeno frente a él, lo dejó sin voz. Sin embargo su silencio duró más que lo que el dolor podía ocasionar. Fijó sus ojos tratando de creer su visión. Y pareció menos atento a su pérdida que concentrado en el estupendo objeto que la había ocasionado…

He touched, he examined the fatal casque; nor could even the bleeding mangled remains of the young Prince divert the eyes of Manfred from the portent before him… (The Castle of Otranto, by Horace Walpole. Traducción y adaptación propia.) 

Para saber
“Atribuían este apuro al temor del príncipe de ver realizada una vieja profecía, que decía que el castillo y la autoridad de Otranto “debería pasar de la presente familia, cuando el dueño real fuera demasiado grande para habitarlo.” Era difícil entender esta profecía…”
Con esta profecía Manfred siente temor que la muerte de Conrad signifique el comienzo del fin de su linaje. Entonces decide hacer algo insólito. ¿Qué será?...

Otro clásico de misterio: Mary Shelley's Frankenstein