Los blancos se divertían con los negros, haciéndolos
pelear con los ojos vendados, y todos estaban allí: el juez, el maestro, el
rico. Párrafos del clásico Invisible Man, de Ralph Ellison, un libro que vale
la pena leer.
- ¡Entren ahí!
- ¡Déjame a ese negro!
Me esforcé por escuchar la voz del director de la
escuela, como para tener algo de seguridad con ese sonido un poco más familiar.
- ¡Déjenme a esos negros hijos de puta! - gritó
alguien.
- ¡No, Jackson, no! - otra voz gritó -. Alguien que
me ayude a sostener a Jack.
- Quiero matar a ese negro de color jengibre - gritó
la primera voz.
Me apoyé contra las cuerdas temblando. Porque en
aquellos días yo era colorado y parecía como si me quisiera comer como una
galleta de jengibre fresco.
Se estaba desarrollando una gran pelea. Podía oír
que pateaban las sillas y gruñidos haciendo un gran esfuerzo. Quería ver, más que
nada en el mundo. Pero la venda en los ojos estaba tan apretada como una costra
y cuando levanté las manos enguantadas para empujar la tela a un lado una voz
gritó: "¡Oh, no, no, negro bastardo! ¡Deja eso!"
- ¡Toca el timbre antes de que Jackson lo mate! -
alguien gritó. Y oí el tañido de la campana y el sonido de los pies forcejeando
hacia adelante.