miércoles, 24 de diciembre de 2014

Una discusión

Arnita, una hermosa joven de diecinueve años, lee un libro mientras disfruta de la calma del mar a bordo de un barco. Es caprichosa y se niega a recibir al joven Moreland, un joven que pretende ganar su corazón. De la pluma de F. Scott Fitzgerald unos párrafos de The Offshore Pirate (El pirata de alta mar)...

"No", dijo Ardita en pocas palabras. Vine en este maldito crucero con la idea de ir a Palm Beach, y tu lo sabías, y me rehúso absolutamente a encontrarme con cualquier maldito viejo o con cualquier maldito joven Toby o con cualquier maldito viejo o joven o poner el pie en cualquier otra maldita vieja ciudad en este loco estado. Entonces o me llevas a Palm Beach o cierras tu boca y te vas".
"Muy bien. Ésta es la última ofensa. En tu enamoramiento por este hombre, un hombre que es notorio por sus excesos, un hombre al que tu padre no habría permitido que mencionara tu nombre, has rechazado los círculos en los cuales te has criado. De ahora en adelante...”
"Ya lo sé", interrumpió Ardita irónicamente, "de ahora en adelante tu vas por tu lado y yo por el mío. He oído esa historia antes. Sabes que no quisiera nada mejor".
"De ahora en adelante", anunció grandilocuentemente, no eres mi sobrina. "Yo..."
O-o-o-oh!" El grito salió de Ardita con la agonía de un alma perdida. "¡Me vas a dejar de aburrir! ¡Vete! ¡Por qué no saltas y te ahogas! ¿Quieres que te lance este libro?"
"¡Atrévete!"
 ¡Smack! "La rebelión de los ángeles" voló por el aire, falló en el blanco por media nariz, y rebotó alegremente por la escalera del puente.
El canoso hombre dio un paso instintivamente hacia atrás y después dos pasos cautelosamente hacia adelante. Ardita saltó sobre sus pies y lo miró desafiante. Sus ojos grises ardían.

"¡Fuera!"
Jelly Roll Blues
Jelly Roll Blues, 1915
Cómo te atreves!" gritó.
"¡Porque me place!"
Estás insoportable! Tu conducta... "
Tú me hiciste así! ¡Ningún chico tiene una mala conducta a menos que sea culpa de su imaginación! Lo que soy, es por tu culpa".
Murmurando algo su tío se dio vuelta y, caminando hacia adelante, anunció el almuerzo. Luego volvió al toldo, donde Ardita se había sentado y había vuelto otra vez su atención al limón.
"Voy a tierra", dijo lentamente. "Estaré fuera hasta las nueve esta noche. Cuando vuelva retornamos a Nueva York, donde te devolveré a tu tía por el resto de tu natural, o más bien no natural, vida". Se detuvo brevemente y la miró, y, entonces, algo en la niñez de su belleza pareció disminuir su cólera como un neumático inflado, y lo dejó desamparado, incierto, completamente fatuo.
"Ardita", dijo algo cariñoso, "no soy ningún tonto. He vivido. Conozco a los hombres. Y, niña, los libertinos confirmados no se reforman hasta que se cansan, y entonces no son ellos mismos, son cáscaras de sí mismos". La miró como si esperara su acuerdo, pero al no recibir ninguna respuesta continuó. "Quizás el hombre te ame, es posible. Él amó a muchas mujeres y amará a muchas más. Hace menos de un mes, Ardita, él estuvo implicado en un notorio romance con esa mujer pelirroja, Mimi Merril. Le prometió un brazalete de diamante que el zar de Rusia le diera a su madre. Tu sabes, leíste los diarios".
"Emocionantes escándalos de un tío ansioso", Ardita bostezó. "Hazlo filmar. Travieso hombre ridiculizando a niña virtuosa. Niña virtuosa concluyentemente seducida por su pasado espeluznante. Planea encontrarse con él en Palm Beach. Frustrada por ansioso tío".
"¿Me dirás por qué diablos quieres casarte con él?"
"Estoy segura que no podría decirlo", dijo en pocas palabras. "Quizás porque es el único hombre que conozco, bueno o malo, que tiene una imaginación y el valor de sus convicciones. Tal vez para escapar de los jóvenes tontos que pasan sus horas vacías persiguiéndome alrededor del país. Pero en cuanto a la famosa pulsera rusa, puedes descansar respecto a eso. Me la va a dar en Palm Beach, si demuestras una poca de inteligencia".
"¿Y qué de la pelirroja?"
"No la ha visto por seis meses", dijo ella airadamente. "¿No supones que tengo bastante orgullo para ver eso? ¿No sabes que puedo hacer cualquier maldita cosa con cualquier maldito hombre que desee?" (Traducción del ingles de The Offshore Pirate, de F. Scott Fitzgerald)

Un hermoso cuento para compartir en clase o leer en el jardín en estas calurosas tardes de Salta.

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