¡O Pioneros!




En un pequeño pueblo los granjeros se aprovisionan. Emil, el pequeño hermano de Alexandra, pide por su gato que se las arregló para treparse a lo alto de un poste. Carl, amigo de Alexandra, debe subir al poste para rescatar al animal. El clima es extremadamente frío y todos se abrigan lo mejor que pueden. Del clásico de Willa Cather, O Pioneer! Al final algo sobre Kate Greenaway, dibujante y escritora…
Cuando buscó a Emil, lo encontró sentado en un escalón que conducía al sector de ropa y alfombras. Estaba jugando con una pequeña niña bohemia, Marie Tovesky, que estaba atando su pañuelo sobre la cabeza del gatito como un sombrero. Marie era una extraña en el condado, que había venido de Omaha con su madre para visitar a su tío, Joe Tovesky. Era una niña triste, de pelo castaño y rizado, como una muñeca morena, una pequeña boca roja y unos ojos redondos y amarillentos. Todos notaron sus ojos. El iris marrón tenía destellos de oro que los hacían parecer como piedras de oro, o, en luces más suaves, como ese mineral de Colorado llamado ojo de tigre...
Las niñas del condado llevaban sus vestidos hasta los tobillos, pero esta niña de ciudad estaba vestida al estilo "Kate Greenaway", y su vestido rojo de cachemira, recogido de un lado, llegaba casi al suelo. Este, con su capucha, le daba la apariencia de una curiosa mujercita. Tenía una bufanda de piel blanca en el cuello y no se molestó cuando Emil la tocó con admiración. Alexandra no tuvo el corazón de alejarlo de tan guapa compañera de juego, y dejó que jugaran con el gatito hasta que Joe Tovesky entró ruidosamente y recogió a su sobrina, poniéndola sobre su hombro para que todos lo vieran. Sus hijos eran todos muchachos, y adoraba a esta pequeña criatura. Sus amigos formaron un círculo alrededor de él, admirando y bromeando sobre de la niña, que tomó sus bromas muy bien. Todos estaban encantados con ella, porque rara vez veían a una niña tan bonita y tan cuidadosa. Le dijeron que debía escoger a uno de ellos para ser su novio, y cada uno comenzó a alabarse y ofrecer sus sobornos: dulces, cerditos, y terneros manchados. Miró a los grandes rostros marrones y bigotudos, que olían a licor y tabaco, luego pasó su dedo índice por la delicada barbilla de Joe y dijo:
—Aquí está mi amor.
Los bohemios explotaron en risas, y el tío de Marie la abrazó hasta que gritó:
— ¡Por favor, tío Joe! Me lastimas. Cada uno de los amigos de Joe le dio una bolsa de caramelos y ella los besó, aunque no le gustaban los dulces campestres. Quizá por eso pensó en Emil.
—Déjame, tío Joe —dijo —. Quiero darle algunos de mis caramelos a ese simpático niño que encontré. Caminó graciosamente hacia Emil, seguida por sus vigorosos admiradores, que formaron un nuevo círculo y bromearon con el niño hasta que escondió el rostro en las faldas de su hermana, y ésta tuvo que reprenderlo por ser tan bebé.
Los granjeros se preparaban para volver a casa. Las mujeres revisaban sus comestibles y sujetaban sus grandes mantones rojos sobre sus cabezas. Los hombres compraban tabaco y dulces con el dinero que les quedaba, se mostraban botas y guantes nuevos y camisas de franela azul. Tres grandes bohemios bebían alcohol puro, teñido con aceite de canela. Se decía que esto fortalecía contra el frío y golpeaban sus labios después de cada sorbo en el frasco. Su parloteo ahogaba cualquier otro ruido en el lugar, y la recalentada tienda sonaba con su vigoroso lenguaje, que apestaba a humo de pipa, lana húmeda y querosén.
Carl entró, vestido con su abrigo y llevando una caja de madera con un mango de bronce.
—Vamos —dijo —. He alimentado los caballos, y el carro está listo.
Sacó a Emil y lo metió en la paja del vagón. El calor le había hecho dormir al niño, pero aún se aferraba a su gatito.
“You were awful good to climb so high and get my kitten, Carl. When I get big I’ll climb and get little boys’ kittens for them,” he murmured drowsily. Before the horses were over the first hill, Emil and his cat were both fast asleep.
—Fuiste muy bueno en subir tan alto y bajar mi gatito, Carl. Cuando sea grande subiré y bajaré los gatitos para los niños —murmuró somnoliento.
Antes de que los caballos estuvieran sobre la primera colina, Emil y su gato estaban profundamente dormidos… (Párrafos de O Pioneer! de Willa Cather)
Under the window
Under the window

Para saber
Catherine Greenaway (1846 – 1901) de origen inglés, Catherine Greenaway fue una ilustradora de libros para niños y escritora. Sus dibujos pusieron de moda algunos vestidos para niños en la década de 1880 y 1890. Greenaway estudió en lo que es ahora la Royal College of Art en Londres, en la sección para mujeres. Su primer libro Under the Window (1879), una colección de versos idílicos sobre los niños, fue un éxito de ventas.

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