Mi señora nicotina



Un estudio del fumar

J. M. Barrie, autor de Peter Pan, publicó su Mi señora nicotina en 1890. Al final una aclaración sobre el tabaco Arcadia Mixture y esta extraña palabra pooh-poohed



Las circunstancias en las que dejé de fumar fueron estas:
Yo era un simple solterón, yendo hacia lo que ahora veo una trágica mediana edad. Me había acostumbrado tanto al humo saliendo de mi boca que me sentía incompleto sin él. En realidad hubo un momento en que podía dejar de fumar si no hacía nada, excepto durante las horas de trabajo. Dejar de lado mi pipa era encontrarme pronto dando vueltas sin descanso alrededor de la mesa. Ningún mendigo ciego fue nunca más guiado por su perro o más temeroso de cortar la cuerda.

Estoy mucho mejor sin el tabaco y ya tengo dificultades en simpatizar con el hombre que solía ser. Aún el mirarlo sin prejuicios es una tarea difícil, porque olvidamos aquello que fuimos. ¿El esclavo liberado siempre se estremece ante el sonido del látigo? Supongo que no porque recuerdo vagamente, y sin demasiados sufrimientos, los horrores de mis días de fumador. Hubo noches en que me desperté con un dolor en mi corazón que me hizo dejar de respirar. No me atrevía a moverme. Después de diez minutos de temor me movía una pulgada a la vez. Menos frecuentemente sentí este dolor durante el día y sentía que moría mientras mis amigos me hablaban. Nunca mencioné estas experiencias a un ser humano. En realidad, aunque había un médico entre mis compañeros, yo astutamente lo engañaba en las raras ocasiones en que me cuestionó sobre la cantidad de tabaco que estaba consumiendo semanalmente. Frecuentemente en la oscuridad no solo me prometía que iba a dejar de fumar, sino que me preguntaba por qué me preocupaba por ello. A la mañana siguiente iba derecho del desayuno a mi pipa, sin la menor lucha conmigo mismo. Después supe, mientras resolvía dejar de fumar, que estaría mejor tratando de dormir. Tenía diferentes formas de engañarme pero se hizo desagradable el saber cuántas onzas de tabaco estaba fumando semanalmente. Frecuentemente fumaba cigarrillos para reducir el número de cigarros.
Por otra parte, si se exceptuaban estos agudos dolores, me sentía muy bien. Mi apetito era tan bueno como lo es ahora, y trabajaba tan alegre y ciertamente más duro. Hasta cierto punto, creo, experimenté los mismos dolores en mi niñez, antes de que yo fumara, y no soy un absoluto desconocido para ellos todavía. Fueron más frecuentes en mis días de fumar, pero no tengo otra razón para cargarlos al tabaco. Posiblemente, un médico que fuera fumador él mismo los hubiera desechado. Sin embargo, he encendido mi pipa, y entonces, presté atención. A la primera indicación de que venían, dejé caer la pipa y dejé de fumar hasta que pasaron.
                                                                                        
Possibly a doctor who was himself a smoker would have pooh-poohed them. (dismissed)

No voy a admitir que, una vez que estaba seguro de que me estaba haciendo daño, no podría, sin ayuda, haber abandonado el tabaco. Pero estaba reacio a creerlo. Quisiera decir que dejé de fumar porque consideré que era una forma de esclavitud, condenada por razones tanto morales como físicas; Pero aunque ahora veo claramente la locura de fumar, estuve ciego durante algunos meses después de haber fumado mi última pipa. Dejé mi consuelo más delicioso, como lo veía, por ninguna otra razón que la señora que estaba dispuesta a arrojarse sobre mí dijo que debía elegir entre él y ella. Esto retrasó nuestro matrimonio por seis meses…
He venido ahora, como verán los que leen, a ver el fumar con los ojos de mi esposa. Mis viejos amigos solteros se quejan porque no permito fumar en casa, pero siempre estoy dispuesto a explicar mi posición, y no tengo un átomo de piedad por ellos. Si no puedo fumar aquí ellos tampoco. Cuando los visito en la vieja posada, toman una pobre venganza al echarme humo casi en mi cara. Esta ambición de soplar los anillos es la más innoble conocida por el hombre. Una vez fui miembro de un club de fumadores, donde practicábamos soplando anillos. El más exitoso obtuvo una caja de cigarros como premio al final del año. ¡Esos eran días! A menudo pienso con nostalgia en ellos. Nos reuníamos en una habitación acogedora de la Strand. Qué bien puedo imaginarlo todavía. Horarios en todas partes, con los que podíamos encender nuestras pipas. Algunos fumaban arcillas, pero para la Arcadia Mixture, dame mi pipa brier. Mi brier era la más dulce jamás conocida. Es extraño ahora recordar un tiempo en que una pipa parecía ser mi mejor amiga… (Párrafos de My Lady Nicotine, de J. M. Barrie)
My first cigar
My first cigar

Para saber
J. M. Barrie, el creador de Peter Pan, fue un cliente importante de tabaco durante la década de 1890. Cuando escribió My Lady Nicotine (publicada en 1890) centró la historia alrededor de un tabaco mítico llamado Arcadia Mixture. No le tomó demasiado tiempo al señor Carreras, que en aquella época vendía blends de tabacos diferentes para la clase alta londinense, el darse cuenta que el único tabaco que Barrie compraba era el Craven Mixture. En enero de 1897 Barrie le confirmó a don José Carreras que el Arcadia Mixture y el Craven Mixture eran uno solo. Un poco después Carreras empezó a usar la afinidad de Barrie por este blend en su publicidad. Las ventas de Craven Mixture se incrementaron rápidamente a nivel local y en el exterior.

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