Hunter Quatermain's Story



Del África del imperio británico un cazador blanco cuenta como cazó un búfalo. Contaba con la ayuda de nativos para moverse por medio de la salvaje naturaleza. Habían rastreado los elefantes en el interior pero la suerte había sido adversa. Solo pudieron cazar un elefante. Al volver al campamento encuentran que todas sus pertenencias se han quemado y debían atravesar una gran distancia hasta llegar a una población... Para desconsuelo de los invitados el cazador se niega a contar la historia del encuentro del tesoro escondido… Hunter Quatermain's Story es un cuento de H. Rider Haggard

Henry Curtis es uno de los hombres más hospitalarios. Fue durante una cena en su casa en Yorkshire que escuché sobre la historia de caza que voy a transcribir. Había rumores que Henry y su amigo, el capitán Good, habían encontrado un tesoro de diamantes. El no negó la verdad de la historia.
—Debes esperar hasta que Quatermain venga. Él llega de África hoy y no vamos a decir nada hasta que aparezca. Si no fuera por él no estaríamos aquí hoy —dijo Henry.

Nunca olvidaré las caras de los invitados cuando el capitán Good sacó un gran diamante, pesando cincuenta carats o más, y contó que tenía muchos más, más grandes que éste.
Fue en este momento que la puerta se abrió y el señor Allan Quatermain fue anunciado, mientras Good guardaba su diamante y un hombre más bien pequeño, que cojeaba, entraba tímidamente en la habitación, escoltado por Henry.
—Aquí está él, sano y salvo, Good. Damas y caballeros, les presento a uno de los más veteranos y mejores cazadores de África, que ha matado más elefantes y leones que nadie.
Todos se dieron vuelta a mirar al curioso pequeño hombre y aunque su tamaño era insignificante, era bastante interesante de ver. Tenía el cabello corto, los ojos marrones y gentiles, que parecían ver todo, y una cara ajada, bronceada del color caoba de la exposición al sol. Hablaba, también con un curioso acento.
Sucedió que me senté cerca de Allan Quatermain y traté de llevarlo al tema pero él no se dejaba llevar. Admitió que recientemente había estado en un largo viaje al interior de África, con Henry y el capitán Good, y que habían encontrado un tesoro y, luego, amablemente, cambió de tema y comenzó a preguntar sobre Inglaterra.
Estábamos cenando en un vestíbulo con paneles de roble, y en la pared opuesta a donde estábamos se ubicaban dos gigantescos colmillos de elefantes y astas de búfalos. Noté que los ojos de Quatermain se fijaban en ellos y aproveché para preguntarle sobre los mismos.
—Los elefantes a los que pertenecían estos colmillos partieron en dos a uno de los nuestros y respecto a las astas del búfalo fueron casi mi muerte, y significaron el fin de uno de mis sirvientes, quién era muy cercano a mí. Se las di a Henry cuando salió de Natal hace algunos meses —y Quatermain suspiró y se volvió a contestar a la dama que había llevado con él.
Todos alrededor de la mesa estaban en un estado de agonía, que cuando los sirvientes salieron, no pudieron contener.
—Señor Quatermain —dijo la dama próxima a él —hemos estado en suspenso ya que Henry y el capitán se negaron a contarnos sobre el tesoro hasta que usted viniera. Simplemente no podemos esperar más, así que por favor comience.
Quatermain miró alrededor, incómodamente. No parecía disfrutar el ser el objeto de tanta curiosidad.
—Damas y caballeros —dijo al final —siento decepcionarlos pero no puedo hacerlo. Por pedido de Sir Henry y el capitán Good he escrito el verdadero relato de las Minas del Rey Salomón y cómo las encontramos, por lo que pronto se enterarán ustedes mismos. Pero hasta entonces no voy a decir nada. No porque quiera decepcionarlos o hacerme el importante sino para no exagerar los hechos y contar historias de animales cazados que nunca pasaron.
—Así es Quatermain. Pienso que está en lo correcto —dijo Henry. —Precisamente las mismas consideraciones nos forzaron a Good y a mí a mantenernos en silencio.
Hubo un murmullo de descontento con estos anuncios… (Traducción propia. Hunter Quatermain's Story, de H. Rider Haggard)
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Fuentes

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