El pozo del Yocci



¡Qué buena lectura! El pozo del Yocci es una novela escrita en 1869 por Juana  Manuela Gorriti. Trata sobre la guerra de la independencia en Argentina y los dramas que desencadena en las familias afincadas en el lugar. Atención al vocabulario de mi compatriota y a la calidad de su pluma. Al final los enlaces para leer la historia en Internet en castellano, o inglés.

Mediaba el año de 1814. La libertad sudamericana había cumplido su primer lustro de existencia entre combates y victorias; era ya un hecho: tenía ejércitos guiados por heroicos paladines, y desde las orillas del Desaguadero, hasta la ciudadela de Tucumán, nuestro suelo era un vasto palenque, humeante, tumultuoso, ensangrentado, que el valor incansable de nuestros padres, disputaba palmo a palmo, al valor no menos incansable de sus opresores.
En aquel divorcio de un mundo nuevo, que quería vivir de su joven existencia, y de un modo añejo, que pretendía encadenarlo a la suya, decrépita y caduca; en ese inmenso desquiciamiento de creencias y de instituciones, todos los intereses estaban encontrados, los vínculos disueltos; y en el seno de las familias ardía la misma discordia que en los campos de batalla.
A los primeros ecos del clarín de mayo, los jóvenes habían corrido a alistarse bajo la bandera de los libres. Los viejos, apegados a sus tradiciones, volvían los ojos hacia España; y temiendo contaminarse al contacto del suelo rebelde que pisaban, recogían sus tesoros, y se alejaban desheredando a sus hijos insurgentes y dejándoles por único patrimonio una eterna maldición.

Vióseles a centenares, arrastrando consigo el resto de sus familias, vagar errantes, siguiendo los ejércitos realistas en sus peligrosas etapas al través de frígidos climas, o marcharse a la Península, dejándolas abandonadas entre hostiles pueblos del Alto Perú.
De esos tristes peregrinos, cuán pocos volvieron a ver el suelo hermoso de su patria. Dispersos, como los hijos de Abrahán, moran en todas las latitudes; y en las regiones más remotas, encontraréis con frecuencia, bajo una cabellera cana dos ojos negros que han robado su fuego al sol de la Pampa, y una voz, de acento inolvidable traerá a vuestra mente el radiante miraje de esa tierra amada de Dios.
Sin embargo, los que a ella regresaron, en fuerza del tiempo y de acontecimientos, vinieron tristes y devorados de tedio.
Pensaron hallar en sus hogares la dicha de la juventud, y encontraron, sólo, un doloroso tesoro de recuerdos.
Al ponerse el sol de una tarde de octubre, tibia y perfumada, una columna, compuesta de un escuadrón, y dos batallones, sabía la quebrada de León, mágico pensil que desde la tablada de Jujuy, se extiende, en un espacio de nueve leguas, hasta las mineras rocas de El Volcán.
Era aquella fuerza la retaguardia de las aguerridas tropas que, victoriosas en Vilcapugio, invadieron segunda vez el territorio argentino, y que retrocediendo ante las improvisadas huestes de San Martín, se retiraban, sino en desorden, llevando, al menos, vergüenza y escarmiento.
En pos de la columna, y cubriendo todos los senderos de la quebrada, venía una numerosa caravana, compuesta de jinetes, bagajes y literas.
Era la emigración realista.
Eran los godos, que se alejaban murmurando con rencor el judica me Deus; mientras obcecados por una culpable ceguedad, arrastraban a sus hijas, coros de hermosas vírgenes, hacia aquella gente non sancta, entre la cual tantas fueron profanadas.
Numerosas falanges de guerrilleros patriotas coronaban las alturas de uno y otro lado de la quebrada, flanqueando al enemigo con un vivo y sostenido fuego.
Los realistas rugían de cólera ante la imposibilidad de responder a esa mortífera despedida de adversarios, que, ocultos entre los bosques que cubren nuestras montañas, los fusilaban a mansalva, acompañando sus descargas de alegres y prolongados hurras.
En fin, diezmados, y pasando sobre los sangrientos cadáveres de sus compañeros, los españoles llegaron a la boca de la quebrada. Los cerros, en aquel paraje, apartándose a derecha e izquierda, forman un vasto anfiteatro cortado al norte por el Abra de Tumbaya, honda brecha abierta por la ola hirviente del volcán que le dio su nombre. Figura una ancha puerta, que, cerrando el risueño valle de Jujuy, da entrada a un país árido y desolado, verdadera Tebaida, donde acaba toda vegetación… (El pozo del Yocci, I - El Abra de Tumbaya)

Más de la historia
Los guerrilleros rememoran al capitán Teodoro quien retorna a Salta, todavía con la presencia de los invasores españoles, y peligrosa para un rebelde de la libertad, para ver a su familia por última vez y se encuentra con un Godo saliendo de su casa. Al intentar hacer justicia el osado español logra escapar. Luego Teodoro lo avista cuando marcha con su escuadrón, por lo que carga contra los soldados y es donde encuentra la muerte.
Vocabulario
Pensil: jardín delicioso.
Judica me, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta: Júzgame, Oh Dios, y distingue mi causa de una nación que no es sagrada.
Para saber
Juana Manuela Gorriti (1818 – 1892) fue una escritora Argentina, salteña, con extensos lazos políticos y literarios con Bolivia y Perú. Escribió novelas y cuentos, incluyendo "La hija del mazorquero" y "El lucero de manantial." Ambas historias poseen un fuerte mensaje anti-Rosista.
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Fuentes
El pozo del Yocci, Wikisource, en castellano.
El pozo del Yocci, in English.

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