La casa de la alegría

Lily es invitada a tomar el té en el departamento del joven Selden. La joven admira la capacidad de los hombres de vivir solos. Del clásico de Edith Wharton, La casa de la alegría.
-¡Dios mío! ¡Estoy tan acalorada y sedienta! ¡Qué odioso lugar es Nueva York! –se quejó mirando desesperadamente hacia la calle.
-Otras ciudades se ponen sus mejores ropas en el verano, pero Nueva York parece conformarse con mangas de camisas.
Sus ojos se posaron en una de las calles laterales y dijo: -Alguien ha tenido la humanidad de plantar unos cuantos árboles allí. Vamos debajo de las sombras.
-Me alegro que mi calle sea de su aprobación –dijo Selden mientras doblaban la esquina.
-¿Su calle? ¿Usted vive aquí?
Observó con interés los nuevos frentes de ladrillo y piedra caliza, fantásticamente variados en obediencia al gusto de los americanos por la novedad, pero frescos y tentadoras  con sus persianas y jardineras.
-¡Ah, sí, seguro! ¡El Benedick! ¡Qué hermoso edificio! Creo que no lo he visto antes.
Miró a la casa baja con su porche de mármol y su fachada seudo-georgiana.
-¿Cuáles son sus ventanas? ¿Esas con los toldos bajos?

-En el piso de arriba. Sí.
-¿Y ese pequeño y hermoso balcón es de usted? ¡Qué bien que se ve allí!
Hizo una pausa y luego sugirió: -Venga, suba. Le puedo dar una taza de té en segundos, y no tendrá que encontrarse con ningún pesado.
Los colores se le subieron. Todavía tenía el arte de sonrojarse en el momento correcto, pero tomó la sugerencia tan a la ligera como había sido hecha.
-¿Por qué no? Es demasiado tentador. Me arriesgaré
-Oh, no soy peligroso –dijo en el mismo tono.
En verdad, a él nunca le había gustado como en ese momento. Sabía que había aceptado sin segundas intenciones. Él no contaba, y hubo una sorpresa, casi refrescante, en su espontaneidad al consentir.
En la entrada se paró un momento buscando las llaves.
-No hay nadie aquí, pero tengo una sirvienta que se supone que viene por las mañanas y es posible que haya acomodado las cosas del té y preparado una torta.
Ella fue introducida a un pequeño hall con viejas reproducciones. Notó las cartas y notas amontonadas en la mesa entre sus guantes y bastones. Luego se encontró en un pequeño estudio, oscuro pero alegre, con sus paredes de libros, una placenteramente vieja alfombra turca, un escritorio lleno de basura, como él lo anticipara, y una bandeja de té en una mesita cerca de la ventana.
Lily se sentó con un suspiro en una de las usadas sillas de cuero.
-¡Qué delicioso tener un lugar como este para una sola! Que cosa miserable es ser mujer.
Selden buscaba en un armario por la torta.
-Es conocido que las mujeres pueden disfrutar los privilegios de un departamento.
-Oh, institutrices, o viudas. Pero no chicas, no chicas pobres, miserables y en edad de casarse.
-Hasta conozco a una chica que vive en un departamento.
Ella se sentó sorprendida.
-¿Es cierto?... (Párrafos de La casa de la alegría, de Edith Wharton)
Wearing Muslin Dresses! J. Gillray, 1802

Vocabulario
… A breeze had sprung up, swaying inward the muslin curtains…
Muslin: tela de algodón de tejido normal. Es fabricada de varias formas. Toma su nombre de la ciudad de Mosul, en Iraq, donde se fabricó por primera vez. (Español) muselina.
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