El odiado

Presidente de Argentina

¿Dónde quedó lo que había prometido Mauricio Macri cuando recorría los estudios de televisión hablando de cambiar con diálogo con diferentes sectores para incluir, atraer y concertar políticas serias que volvieran a la Argentina potencia que existió alguna vez? Se presentaba como un simpático predicador evangelista que llegó a hacer decir a algún panelista televisivo que quería reemplazar al peronismo y hasta hacerse amar por las masas, como un Perón más. ¡Hummm!
Una de las primeras medidas del nuevo presi fue quitarle las retenciones a las mineras, empresas antipáticas si las hay, para lograr no sé qué cosa. De las retenciones al campo y del pago a los fondos buitres no quiero decir nada. El primero siempre fue un sector que colaboró con el progreso de la nación, somos un país agrícola ganadero, y del segundo me imagino que no podemos andar haciéndonos los machitos si pretendemos que empresas extranjeras inviertan aquí, que nos presten plata para invertir en obra pública y que nos consideren un país confiable.
Inmediatamente después los precios de los alimentos empezaron a subir, y los de la nafta, y el transporte público y… disque porque el dólar empezó a subir y por las dudas, ¿vio? Y, ya no teníamos un Moreno que nos defendiera, y una Cristina que le echara el fardo a las multinacionales, y un Aníbal que cargara contra Clarín, y un Kicciloff que mintiera sobre los índices de inflación.

La última estocada llegó con la suba del gas, que como Cristina no había actualizado las tarifas en 12 años estaban atrasadas, las empresas desfinanciadas y se nos había acabado el gas barato de Bolivia. Así pues empezaron a llegar las boletas del gas con subas de 400, 500, 600 y hasta 1000  por ciento. ¡Una locura! Así pasé a pagar de 150 pesos (unos 10 dólares si tomamos el dólar a 15) a 750 (50 washintones) en casa, por el preciado recurso.
Por supuesto la gente se quejó, mandó abogados, y Mauricio, el nuevo Perón, debió dar marcha atrás y conformarse con la módica cifra de 400 % de aumentos para las tarifas de gas. De paso nos recomendó que nos calcemos y nos pongamos un poncho para combatir el frío. ¡No lo había pensado antes!
Sin embargo, no todo está perdido. Sugiero al presi que llame a mi mujer, Emilce, a su gabinete, pues si bien ella es solo un ama de casa tiene los pies sobre la tierra y sabe cómo manejar un presupuesto familiar con pocos mangos y muchos remiendos. Es lo que se llama una argentina media, que lo votó a Mauricio, pero que se acuerda de su mamá, de la de Mauricio, cada vez que va al súper. Y si de ganarse el cariño de la gente se trata, bien haría en ponerle una silla en la mesa chica y escuchar sus consejos, y no los de sus ministros que no tienen idea de cómo sobrevivir en Argentina con menos de 30.000 pesos (más o menos 2000 dolarachos), en una familia de 4 personas.
El amor, la simpatía, la empatía, el liderazgo, se consiguen con medidas bien pensadas, no con marchas y contra marchas, que engloben a todos, que recompongan el tejido social, que demuestren justicia para todos, y que realice con sus acciones lo que delineó con su boca. No podés tener cláusulas secretas con una petrolera extranjera, una oficina anti corrupción liderada por una de tus seguidoras, y un ministro del área que tiene que reglamentar el sector donde está su propia empresa.
Todo eso le juega en contra a Mauri porque queremos que muestro cacique dé el ejemplo y enseñe con sus acciones. No te pedimos, Mauricio, que seás un nuevo Perón, sino que hagás lo que tenés que hacer, que es para lo que te votaron. Así, solito, le vas a ir cayendo bien a la gente.
Thoreau hablaba sobre la importancia del individuo que es más importante que el gobierno. Si bien no es juicioso llamar a una rebelión, sí es inteligente afirmar que queremos:

Que nos devuelvan la plata que se robaron entre presidentes, funcionarios, amigotes y revolucionarios truchos.
Que los chicos puedan tener la panza llena, con las comidas correspondientes, e ir  a la escuela porque ellos son el futuro.
Que los jóvenes sigan estudiando o puedan conseguir un laburo, ya que éste dignifica a la persona.
Que los viejos puedan vivir con dignidad sus últimos años, con mejores jubilaciones y atención medica correcta.
Vivir en una Argentina estable, con precios normales y tarifas justas.
Ver que Mauricio, y todos sus ministros, traen la plata a la Argentina y la ponen a trabajar en proyectos para dar trabajo, construir, alentar a las fábricas, y sobre todo, dar el ejemplo a todos los indios, que vendríamos a ser nosotros.
Plata y recursos para hospitales, escuelas, viviendas, y no para el fútbol, que al final sirve para que unos cuantos vivos se hagan la guita.

Seguro que no se puede lograr todo, de golpe, pero, de a poquito, se va mejorando. Si no lo tenemos que aguantar a los Moreno y los Maradona dando lecciones de moral y de buenas costumbres. ¡Lo que faltaba!

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