miércoles, 10 de abril de 2013

Desconfianza


No bien hubieron montado estas mujeres el ayudante hizo lo mismo en su caballo y los tres saludaron a Webb quien, en cortesía, esperaba la salida del grupo en la puerta de su cabaña. El grupo partió a paso lento hacia la entrada norte. No se escuchó sonido alguno mientras atravesaban la corta distancia, solo una suave exclamación de sorpresa cuando el indio corrió delante de una de las mujeres para guiar al grupo. Aunque este inesperado movimiento no produjo sonido en el resto, la sorpresa abrió el velo que cubría a la mujer y permitió ver un rostro de indescriptible tristeza, admiración y horror, mientras los negros ojos seguían los ágiles movimientos del salvaje. Sus cabellos eran negros y brillantes, como el plumaje del cuervo. Su tez no era oscura, sino más bien cargada con el color de su rica sangre, que parecía lista a explotar. Sin embargo no había nada de tosco en su exquisitamente rectangular rostro, hermosamente digno. Sonrió, como olvidando el momento que le tocaba vivir, y mostró unos dientes tan blancos que hubieran avergonzado al más puro marfil. Al momento de cubrirse agachó su cabeza y cabalgó en silenció, ensimismada en sus propios pensamientos…

Mientras una de ellas se mantenía callada, la otra rió de su propia debilidad y dirigiéndose al joven que cabalgaba a su lado, exclamó:


“¿Son estos espectros comunes en el bosque, Heyward, o es un trato especial para nosotras? Si es lo último tendremos que agradecértelo pero si es lo primero Cora y yo tendremos que sacar todo el coraje que tanto pregonamos, aun antes que encontremos al ilustre Montcalm.”

“Ese indio es un “corredor” del ejército y de acuerdo a la costumbre de su tribu puede ser considerado un héroe”, contestó el oficial. “Se ha ofrecido a guiarnos hasta el lago por un sendero poco conocido y más rápido que el seguido por el lento movimiento de la columna. En consecuencia más agradable.”

“No me gusta ese hombre”, dijo la dama, temblando, en parte debido a su imaginación y en parte a un terror real. “De todos modos tú debes conocerlo, Duncan, de lo contrario no te hubieras entregado  tan libremente.”

“Lo conozco o no tendría mi confianza, y menos en este momento. Se dice que también es canadiense y sirvió con nuestros amigos los Mohawks que, como sabes, son una de las seis naciones aliadas. Apareció entre nosotros, según tengo entendido, por algún extraño incidente en el que tu padre estuvo involucrado, y en el que el salvaje fue severamente disciplinado. Pero ahora olvidé la historia. Es suficiente con que sea nuestro amigo.”

“Si ha sido enemigo de papá ahora me gusta menos”, exclamó la muchacha ansiosa. “¿Hablarías con él para que pueda escuchar su voz? Aunque parezca tonto la voz de la persona me da cierta confianza, o no.”

“Sería inútil y contestaría con una interjección. Aunque pueda entender, como la mayoría de su gente, pretenden que no saben inglés, y menos ahora que ante la guerra debe ejercitar su dignidad. Mira, el indio se detuvo. El sendero por el que vamos a viajar deber estar cerca… ” (Traducción y adaptación libre del original inglés)


James Fenimore Cooper (1789-1851). Fue un escritor norteamericano. También escribió:

Los Pioneros
La Pradera
El Trampero
El Cazador de Ciervos

De acuerdo a los libros anteriores ¿sobre qué temas gustaba escribir James Fenimore Cooper?


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