lunes, 8 de abril de 2013

Sobre el Cabello de los Hombres


“Cuando estaba en la estación de trenes, rumbo a Dresden, apareció Anttoniete. Viajamos juntos y traté de observarla a la distancia. En la frontera encontré que el país estaba enfervorizado y repleto de invitados. Decidí permanecer en un pequeño pueblo cerca de Strelsau, llamado Zenda. Desde allí podría viajar a la capital y dormir en Zenda. La posada donde me alojaba estaba presidida por una señora muy simpática acompañada por sus hijas. Manifestaron que era una lástima que el duque de Stralsau no fuera rey, pues todos lo conocían, en cambio el futuro monarca había estado tanto en el extranjero que nadie tenía idea como era. También contaron que el rey se hospedaba en el castillo del duque hasta su coronación.
"Y ahora", intervino una de las mujeres jóvenes, "dicen que se ha afeitado la barba, por lo que nadie en absoluto lo conoce."
"¡Afeitado la barba!" -exclamó su madre. "¿Quién lo dice?"
"Johann, portero del duque. Él ha visto al Rey".
"Ah, sí, el rey, señor, está ahora en el coto de caza del duque en el bosque aquí, desde donde irá a Strelsau para coronarse en la mañana del miércoles".
Esto me interesó. Me decidí a caminar al día siguiente en dirección al castillo, con la esperanza de encontrarme con el Rey. La anciana siguió parloteando:
"Ah, me gustaría que se quedara con su caza y con su vino, dicen que es todo lo que quiere. Quisiera ver a nuestro duque ser coronado el miércoles. Eso quiero, y no me importa que se sepa."

"¡Calla, madre!" instó una de las hijas.
"Oh, ¡hay muchos que piensan como yo!" -exclamó la anciana con terquedad.
Me tiré en mi sillón, y reí de la actitud de la mujer.
"Por mi parte", dijo la más joven y más bonita de las dos hijas, una rolliza muchacha, sonriendo: "¡Odio a Michael! ¡Un Elphberg rojo para mi, madre! El Rey, dicen, es tan rojo como un zorro o como-"
Y se rió maliciosamente echando una mirada hacia mí, y sacudiendo la cabeza ante la cara de reprobación de su hermana.
"Más de un hombre ha maldecido a su rojo pelo antes de ahora", murmuró la señora y me acordé del viejo James, quinto conde de Burlesdon.
"¡Pero nunca una mujer!" -exclamó la muchacha.
"Si, y las mujeres, cuando ya era demasiado tarde", fue la severa respuesta de la madre, forzando a la hija al silencio.
"¿Está el rey aquí?" -Pregunté para romper un silencio embarazoso. "Es la tierra del duque, dices."
"El duque lo invitó, señor, para descansar aquí hasta el miércoles. El duque está en Strelsau, en preparación de la recepción del Rey."
"¿Así que, son amigos?"
"Ninguno mejor", dijo la anciana.

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